Cese de la corrupción

21.06.2019

Necesitamos un exorcismo político para practicar justicia. Al reconocer que existe corrupción en el gobierno interino, solicitamos que la misma debe ser castigada. De prevalecer la impunidad habrá incentivos para aún mayor corrupción. Deseamos salir del sistema corrupto y no apoyaremos su perpetuidad con un mero cambio de régimen. Investigaciones recientemente publicadas por Sebastiana Barraez, Orlando Avendaño y Daniel Lara Farías sugieren que cada día surgen nuevas interrogantes. La ciudadanía exige respuestas pues al parecer pusimos muertos en vano.

¿Cómo no va a ser ahora el momento? Llevamos demasiadas décadas en complicidad con una dirigencia política corrupta y delincuente que ha jugado con nuestra representación con total impunidad, mediante el chantaje de una unidad que no existe pues se odian entre ellos. Hay que denunciar exhaustivamente sus deshonestos procederes y diálogos, e instarlos a retirarse de las tarimas. Existe gente más idónea que merece la oportunidad de participar.

¿Ahora no es el momento de perseguir a los corruptos? No estamos dispuestos a esperar hasta el juicio final. Es indispensable erradicar la corrupción de raíz mediante castigos ejemplares a todo aquel que haya malversado fondos públicos. Ojalá ello conlleve a la extinción de esta lamentable clase política. Se busca igualdad de oportunidades, y quienes no son corruptos están en desventaja pues al jugar limpio son eficazmente silenciados. La usurpación consta de censura y corrupción, por consiguiente seguimos en el primer paso: el cese de la usurpación, el cese de la corrupción, y el cese de la censura.

La estrategia defensiva elegida por los corruptos usa tácticas intimidatorias, contra quienes exigimos ser informados de la idoneidad en procedimientos que ejercen los funcionarios. De persistir esta agresividad contra quienes ejercemos nuestros derechos, serán aborrecidos quienes defiendan y promuevan la corrupción y la censura como líneas a ser acatadas por unanimidad.

Sospechamos que el nuevo escándalo de corrupción en Cúcuta no será aclarado. Los venezolanos hemos demostrado constituir una sociedad permisiva y favorable a la impunidad. Somos enviados al banquillo de los acusados, por el contrario, quienes propiciamos debates con franqueza e idoneidad en procedimientos. Aparecen corruptos nuevos, quienes a medida que envejecen perfeccionan sus métodos para robar el dinero de nuestros impuestos. También disponemos de abundante ciudadanía cómplice que aplaude procedimientos deshonestos, exigiendo el escarnio público de quienes denunciamos la corrupción.

La lucha contra la corrupción es prioridad. Debido a la corrupción Venezuela pasó de ser país en vías de desarrollo a país en crisis humanitaria. No solucionaremos nada fomentando y colaborando con la corrupción. Seguiremos denunciando los engaños a los que hemos sido sometidos por esta nefasta clase política. Ejercer libertad de expresión y libertad de prensa no es dictatorial sino democrático. Lo tiránico en todo caso es objetar que la ciudadanía exprese sus opiniones y se nos imponga una estrategia única de complicidad ante el delito.

Ha llegado el momento de erradicar la corrupción, para ello urge castigar a los corruptos cuyo mal ejemplo es nocivo para las nuevas generaciones. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. La procrastinación y el diferimiento de compromisos no son hábitos virtuosos. Si posponemos la lucha de la corrupción para después del cese de la usurpación, naturalmente los corruptos intentarán que la usurpación no cese y así consumarán su interés personal de seguir malviviendo cómodamente a costilla nuestra.

Desacreditar a reconocidos profesionales del periodismo para minimizar recomendaciones constructivas a la dirigencia política, prueba que seguimos inmersos en resentimiento. Disminuirá la probabilidad de cese de la usurpación pues su enfoque excluye a gente valiosa. Quienes culpan a los que no callan restan, aunque piensen que suman.

Las redes sociales democratizan la libertad de expresión. Muchos intelectuales obsoletos están histéricos porque ahora reciben respuestas desfavorables, a la vista de todos y no las pueden ocultar. Añoran emisiones de líneas partidistas que eran acatadas por militancias dóciles e ignorantes. Ahora los ejércitos ciudadanos, armados con nuestros teclados, tenemos una fantástica oportunidad de triunfar en esta guerra contra la censura. Derrumbaremos para siempre la soberbia e ínfulas de superioridad que hasta hace poco ejercían ciertas élites mediáticas.

Para no ser acusados de corrupción, es aconsejable no ser corruptos. Los corruptos suelen escudarse contra las denuncias arguyendo que se las mismas fortalecen al chavismo. Nuestra crisis de valores y principios justifica el delinquir como método para acceder al poder. Deben rendirse cuentas a la nación pues estos financiamientos derrochados no provinieron de impuestos, No fuimos todos quienes aportamos, sólo unos cuantos desconocidos cuyos intereses personales no nos han sido informados.

Entre la carencia de discusión militar en la asamblea nacional, los escándalos de corrupción, los diálogos, y la propuesta de elecciones sin cese de usurpación ni gobierno de transición, todo parece indicar que este enfoque lamentablemente propicia un atornillamiento del régimen.

Rubén Rivero Capriles

Caracas, Venezuela

Fotografía Mónica B. Valbuena L., 40 Grados Bajo el Sol